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Vida moderna y políticas

Un país muy joven que se mueve deprisa

Uzbekistán tiene casi 38 millones de habitantes —más que cualquier otro país de Asia Central— y una edad mediana de unos 28 años. Cerca de un tercio del país tiene menos de quince. Ese dato demográfico está debajo de casi cualquier discusión política que se dé aquí: cuántas escuelas, cuántos empleos, cuánta agua.

Qué cambió después de 2016

Islam Karímov murió en septiembre de 2016 tras veintisiete años en el poder, y el ritmo del cambio desde entonces ha sido el hecho que define la vida pública uzbeka. El 5 de septiembre de 2017 el banco central dejó flotar el som, acabando con un tipo de cambio dual que convertía el comercio corriente en un ejercicio de mercado negro. Los visados de salida —el permiso de época soviética que los ciudadanos necesitaban para abandonar su propio país— se suprimieron el 1 de enero de 2019, y Uzbekistán fue el último Estado postsoviético en eliminarlos. Se liberó la conversión de divisas, se retiró a miles de personas de las listas religiosas de vigilancia y el Estado empezó a publicar estadísticas que antes ocultaba.

El algodón y el fin de un boicot

Durante décadas la cosecha de algodón se recogía en parte con estudiantes, maestros y empleados públicos movilizados, y en 2011 una coalición internacional de marcas —331 al final— declaró un boicot al algodón uzbeko. Desmontar aquello costó una década de supervisión de la Organización Internacional del Trabajo. El informe de la OIT sobre la cosecha de 2021 concluyó que el trabajo forzoso e infantil sistémicos habían sido erradicados, y el 10 de marzo de 2022 la Cotton Campaign levantó el boicot. Observadores independientes siguen registrando casos aislados de coacción por parte de autoridades locales, de modo que se trata del fin de un sistema más que de un problema del todo cerrado.

Ciudades, trabajo e internet

Taskent crece en altura por primera vez, y su metro —donde estuvo prohibido fotografiar hasta 2018 porque las estaciones se consideraban infraestructura estratégica— ha sumado líneas nuevas y un anillo elevado. IT Park Uzbekistan ofrece a las empresas de software un impuesto único bajo y ha atraído a buena parte de los jóvenes titulados hacia los servicios de exportación; Taskent tiene hoy un ecosistema visible de startups y externalización que no existía hace una década. Al mismo tiempo, la migración laboral sigue siendo central en la economía doméstica: millones trabajan fuera, sobre todo en Rusia, y las remesas son una parte importante de los ingresos fuera de la capital, lo que vuelve al país sensible al mercado laboral ruso.

Escuelas, universidades y la mahalla

Con un tercio de la población en edad escolar, la educación es la mayor partida de atención del Estado. La matrícula universitaria se ha multiplicado varias veces desde 2017: se abrieron universidades nuevas y se invitó a instituciones extranjeras a abrir sedes en Taskent —Westminster, Webster, el Politécnico de Turín, Inha y otras—. Por debajo del Estado está la mahalla, una institución vecinal sin equivalente exacto en otros países: varios cientos de hogares con un presidente electo que organiza bodas y funerales, media en disputas, reparte parte de la ayuda social y —más polémicamente— funciona como la unidad administrativa más fina del Estado.

Apertura hacia los vecinos

Asia Central pasó los años noventa y dos mil con fronteras cerradas, límites minados y vuelos cancelados. Desde 2017 Uzbekistán ha revertido eso deliberadamente: en 2018 se reanudaron los vuelos directos a Dusambé tras más de veinte años de interrupción, se reabrieron pasos fronterizos y se resolvieron disputas de demarcación con Kirguistán congeladas durante mucho tiempo. Las cumbres regionales se celebran ya sin que las convoque una potencia externa. El país tiene doble condición de sin litoral —cualquier exportación debe cruzar al menos dos fronteras para llegar a un puerto—, lo que convierte la buena vecindad en una cuestión menos sentimental que aritmética.

Lo que sigue siendo difícil

Un relato honesto tiene que incluir lo inacabado. La escasez energética invernal ha cortado gas y electricidad en las olas de frío, con especial dureza en enero de 2023. El mar de Aral no volverá, y Karakalpakstán convive con la sal, el polvo y sus consecuencias sanitarias; unos cambios constitucionales propuestos sobre el estatus de la república provocaron protestas en Nukus en julio de 2022 en las que hubo muertos, tras lo cual las cláusulas se retiraron. La libertad de prensa sigue restringida y la competencia política es limitada. Nada de esto anula las reformas, pero se describe mal un país si solo se lee su folleto.

Lo esencial

  • Casi 38 millones de habitantes —el país más poblado de Asia Central— con una edad mediana de unos 28 años
  • El som se dejó flotar el 5 de septiembre de 2017, unificando el cambio oficial y el de mercado
  • Los visados de salida se suprimieron el 1 de enero de 2019; Uzbekistán fue el último Estado postsoviético en hacerlo
  • La OIT dio por erradicado el trabajo forzoso e infantil sistémico en la cosecha de 2021; el boicot se levantó en marzo de 2022
  • Los vuelos directos a Dusambé se reanudaron en 2018 tras más de veinte años de interrupción
  • El país tiene doble condición de sin litoral: toda exportación cruza al menos dos fronteras para llegar a un puerto